Colonización microbiana de teclados domésticos contra tarjetas de transporte público

La pandemia de COVID-19 reivindicó el verdadero significado de “estar limpio”. Con la aparición del SARS-CoV-2, la presencia de microorganismos1 en los objetos con los que interactuamos en nuestra vida cotidiana adquirió mayor relevancia. Tanto así, que nunca antes había habido tanto interés por conocer la definición de virus, de variante viral, de enfermedad infecciosa o, incluso, entender las diferencias básicas entre virus y bacteria. Ahora bien, debe notarse quela presencia de microorganismos no necesariamente es nociva; es más, según la Librería Nacional de Medicina de Estados Unidos, menos del 1% de las bacterias enferman a los seres humanos[1].

Andrea P. Gómez Jaime

Estudiante del Pregrado en Biología de la Universidad de los Andes

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Generalmente, la creencia de que los microorganismos son sucios tiende a desencadenar una mayor desinfección2 de los espacios que tradicionalmente se han creído mayormente contaminados. Sin embargo, muchas veces estas concepciones nacen de prejuicios no necesariamente son ciertos que, de acuerdo a la hipótesis de la higiene y al mecanismo de amigos conocidos, pueden derivar en problemas inflamatorios (alergias, desordenes autoinmunes) y, consecuentemente, desórdenes psiquiátricos [2][3]. Al respecto, Yaadav y Pichare mencionan a Matthews en su estudio sobre ecosistemas bacterianos en teléfonos celulares, quien comparó la densidad microbiana de inodoros y celulares, y concluyó que las poblaciones de microorganismos de los teléfonos son alrededor de diez veces las de los asientos de los baños[4]. Lo anterior resulta problemático, pues los móviles están constantemente en contacto con nuestro cuerpo. Entonces, irónicamente, por muchos esfuerzos que se realicen con el fin de mantener la piel limpia, el no tener hábitos de higiene igual de rigurosos para los dispositivos genera un efecto opuesto al deseado. Más aún, existen ciertos ambientes en que esta contaminación3 puede convertirse en potenciales riesgos para la salud. Un estudio sobre la colonización bacteriana en celulares pertenecientes a profesionales de la salud, realizado por Bodena et. al., encontró que más del 94,2% de estos dispositivos estaban contaminados con una o más especies de bacterias, y, peor aún, la mayoría resultaron resistentes a múltiples fármacos, como ampicilina y trimetoprim-sulfametoxazol, habitualmente utilizados en el tratamiento de enfermedades respiratorias y urinarias, y demás[5][6][7].

Consecuentemente, y por la creciente utilización de computadores domésticos a causa de la virtualidad, surgió interés por parte de un grupo de estudiantes del Departamento de Ciencias Biológicas sobre el grado de ocupación microbiana de los mismos. Especialmente teniendo en cuenta que estos pueden convertirse en fuentes de infección para los miembros de una vivienda establecerse como fómites. Cabe recordar que un fómite es un objeto inanimado que sirve como vehículo de transmisión de patógenos, también llamados vectores pasivos[8][9]. Estos son importantes en el contagio de enfermedades como la influenza, el adenovirus y la hepatitis A, entre otros[8]. Dicha colonización se evaluó durante el proyecto final del curso FCIE1010 Introducción a las Ciencias, ofertado para estudiantes de primer semestre de la Facultad.

Para contextualizar la densidad de la población microbiana de dichos instrumentos se comparó con la de un objeto asociado a suciedad, como las tarjetas de transporte público. En una época anterior a los tapabocas, estas eran uno de los objetos más antihigiénicos en los que se podía pensar. No sólo debido a que su función reside en entrar en contacto con superficies manipuladas por una enorme cantidad de personas, sino porque a su vez, estas se ven expuestas a un amplio rango de microorganismos. Entonces, se planteó la cuestión sobre si, en medio de la situación actual, la colonización microbiana es mayor en teclados de computadores domésticos que en tarjetas de transporte público.

Figura 2. Hisopado de teclado Fuente: https://berkshire.com/wp-content/uploads/2019/11/Berkshire-ESD-Open-Cell-Foam-Cleanroom-Swab.jpg

Así, si la hipótesis es correcta, la predicción sería una mayor colonización en los teclados domésticos que en las tarjetas de transporte público. Esto reforzado además por la poco constante desinfección de estas superficies, debido a que su componente dificulta el aseo profundo y eficiente. 

De esta manera, se hicieron una serie de hisopados a superficies equivalentes de teclados domésticos y tarjetas de transporte público de estudiantes del curso. Tras la realización de cultivos de estas superficies, se evidenció un mayor grado de colonización para el frotis del teclado que para el de la tarjeta, lo que concuerda con la suposición inicial. Más específicamente, se encontró alrededor del triple de unidades formadoras de colonias en los cultivos de los teclados que en aquellos de las tarjetas de transporte público. 

El porqué de estos resultados puede explicarse por el hecho de que una mayor frecuencia de uso de un objeto específico lo hace susceptible a una exposición microbiana mayor. Debido a la coyuntura actual, es de esperar que los teclados de computadoras domésticas sean más utilizados que las tarjetas, así como expuestos a una diversidad mayor de microorganismos. Sin embargo, también es importante considerar otras posibles explicaciones no controladas en este estudio, como que la frecuencia de desinfección de las tarjetas sea mayor a la de los teclados. En una situación diferente, fuera de un contexto de confinamiento, es posible que los resultados varíen significativamente. 

Esta información resulta crítica a la hora de reconsiderar las prácticas de desinfección de los hogares o instituciones, pues muchas veces se excluyen a los electrónicos, lo que resulta en acumulaciones microbianas como la encontrada en el presente estudio. Sin el correcto aseo del hardware, los equipos se convierten en potenciales transmisores de enfermedades[10]. Esto último es muy importante para la salud, tanto de los núcleos familiares, debido a electrónicos domésticos, como pública, en el caso de equipos pertenecientes a instituciones de acceso público. Además, adquiere un peso especialmente 

significativo en las circunstancias actuales, ya que se ha concluido que las situaciones derivadas del confinamiento nos hacen más propensos a enfermarnos debido a un intensificado riesgo inmunológico, asociado a una disminución en la síntesis de anticuerpos[11]. Así, se ha comprobado que la desinfección evita el contagio incluso de enfermedades muy resistentes, como la causada por el Staphilococcus aureus resistente a meticiclina (MRSA)[12]. Entonces, se recomienda practicar hábitos de limpieza de teclados y celulares constantemente, como la desinfección con paños de microfibra o hisopos sumergidos en alcohol isopropílico o agua tibia con jabón. Asimismo, claro está, el lavado de manos constante. Ahora bien, la desinfección de las tarjetas de transporte público no debe dejarse de lado, pues estas pueden actuar como fómites para patógenos ajenos al núcleo familiar, caso no tan factible para los teclados. Lo anterior debido a que muy probablemente los usuarios de un mismo teclado pertenezcan a un núcleo familiar, de manera que de por sí ya compartan muchos microorganismos. De esta manera, el papel de las tarjetas como fómites también podría tener importantes consecuencias respecto a la salud pública, especialmente en situaciones diferentes a la actual, donde se dé menos aislamiento y las tarjetas se usen más. 

Figura 3. Aseo de computador Fuente: https://www.flokq.com/blog/wp-content/uploads/2020/11/261111-1600x1030-clean-monitor-computer-screen-safely.jpg

En conclusión, los resultados del trabajo permiten iniciar reflexiones tanto colectivas como individuales sobre la verdadera limpieza de nuestros aparatos electrónicos, y las posibles acciones que deberían tomarse al respecto. Asimismo, permite replantear en realidad es una superficie sucia y a qué nivel esta noción está sujeta a prejuicios. Actualmente, nuestra comprensión de limpieza y suciedad es sesgada, prejuiciosa y no necesariamente fundamentada, lo que afecta nuestros hábitos de higiene. Por ende, deben reevaluarse los conceptos asociados a higiene y contaminación bacteriana, a partir de la evidencia, para llegar a nociones más concisas, de manera que se puedan dirigir los esfuerzos de desinfección más realistamente. 

Glosario: 

1. Microorganismo: Organismo que solo puede verse bajo un microscopio. Los microorganismos incluyen las bacterias, los protozoos, las algas y los hongos. Aunque los virus no se consideran organismos vivos, a veces se clasifican como microorganismos. Fuente: Microorganismos. NIH Instituto Nacional del Cáncer. 

2. Desinfección: eliminación mayoritaria de los gérmenes que contaminan un medio. Fuente: M. J. Hernádez Navarrete, J. M. Celorrio Pascual, C. Lapresta Moros, V. M. Solano Bernard. Fundamentos de la antisepsia, desinfección y esterilización. Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica 2014; 32(10): 681-688. 

3. Contaminación: Alteración del estado (inicial) de pureza de un medio o cultivo por el desarrollo en él de microorganismos indeseados. Fuente: Contaminación. Diccionario Médico. Clínica Universidad de Navarra. 

 

Referencias: 

[1] Bacterial Infections NIH U.S National Library of Medicine. 

[2] H. Okada, C. Kuhn, H. Feillet, J-F Bach. The 'hygiene hypothesis' for autoimmune and allergic diseases: an update. Clinical and Experimental Immunology 2010;160(1):1-9. 

[3] G. A. W. Rook, C. A. Lowry, C. L. Raison. Microbial 'Old Friends', immunoregulation and stress resilience. Evolution, Medicine, and Public Health 2013; 2013(1): 46-64. 

[4] Yaadav, P., Pichare, A. Mobile phones: a contemporary ecosystem for bacterial growth – Our experience from rural Maharashtra. International Journal of Scientific Research 2020; 9(5); 2277 – 8179. 

[5] Bodena, D., Teklemariam, Z., Balakrishnan, S. et al. Bacterial contamination of mobile phones of health professionals in Eastern Ethiopia: antimicrobial susceptibility and associated factors. Tropical Medicine and Health 2019; 47(15). 

[6] Masters P. A., O’Bryan T.A., Zurlo J. et. Al. Trimethoprim-Sulfamethoxazole Revisited. Archives of Internal Medicine 2003;163(4):402-410. 

[7] Campoli-Richards, D.M., Brogden, R.N. Sulbactam/Ampicillin. Drugs 1987; 33; 577–609. 

[8] Boone S. A., Gerba C. P. Significance of Fomites in the Spread of Respiratory and Enteric Viral Disease. Applied and Environmental Microbiology 2007; 73 (6); 1687-1696. 

[9] García Pérez A., Durán Sacristán H. Fómite. Diccionario de Términos Médicos. Real Academia Nacional de Medicina. Madrid: Editorial Panamericana; 2012. 

[10] Mori, T. Influencia del ambiente en la contaminación de hardware de computadoras por bacterias patógenas drogorresistentes en el Hospital César Garayar, Iquitos, Perú. Iquitos: Universidad Nacional de la Amazonía Peruana; 2016. 

[11] Rozenkratz, L., Berstein, M. H., Hemond, C.C. A paradox of social distancing for SARS-CoV-2: loneliness and heightened immunological risk. Molecular Psychiatry 2020; 25; 3442–3444. 

[12] Goroncy-Bermes P., Investigation into the efficacy of disinfectants against MRSA and vancomycin-resistant enterococci. International Journal of Hygiene and Environmental Medicine 1998; 201(4-5); 297-309.